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Mostrando entradas de mayo 1, 2016

El ladrón de almas

 Londres siempre ha sido, es y será una ciudad lluviosa. Ya sea invierno o verano, las aguas atacan sus ciudades y encharcan sus calles. En un día igual que otro, con espesos nubarrones y una constante llovizna, una silueta femenina se apresura a buscar refugio en los escasos bares de la avenida, dejando atrás el repiqueteo de las gotas. Calada hasta los huesos y con un frío invernal, cuelga el llamativo abrigo rojo en el perchero del establecimiento y se acerca a la barra para tomar algo caliente. Junto a ella, con una copa de vino en la mano, se sitúa un hombre vestido completamente de negro, con un sombrero de ala tapándole el rostro. Tiene el cuello medio descubierto y en él se aprecia un extraño tatuaje, una especie de rosa de los vientos con un aspecto tenebroso. Ella hace caso omiso del personaje y pide una infusión humeante. Disfrutando del cálido y aromático líquido, se queda sentada un buen rato, advirtiendo intranquila que el hombre de negro no se mueve en ningún momento...

Memorias de Yastar

Ya declinaba el segundo sol en Yastar, cuando una brillante figura montada a caballo se acercó a Ochar, una magnífica torre formada de árboles y construida por los umeek para dar asilo a todas las razas de Yastar que luchaban contra el maligno poder de los baldur, espectros abandonados y olvidados sedientos de sangre y de los medo ‘enk, monstruos llegados del abismo y con una puntería inigualable. En esa torre residían los   umeek, árboles vivos  con miembros como troncos, una cara de corteza arbórea y poderes curativos; los zaarwan, peces terrestres, pacíficos pero agresivos en lo que se refería a su territorio y que no resistían mucho tiempo fuera del agua a causa del resecamiento; los kragnar, criaturas nacidas del volcán formados de lava y hechos de roca y los tiberius, humanos sobrenaturales rechazados por su especie a causa de sus poderes mágicos y sus transformaciones en guerreros con armaduras doradas y brillantes. Alastor era uno de esos guerreros, más bien era el je...