El ladrón de almas (1)
Londres siempre ha
sido, es y será una ciudad lluviosa. Ya sea invierno o verano, las aguas atacan
sus ciudades y encharcan sus calles. En un día igual que otro, con espesos
nubarrones y una constante llovizna, una silueta femenina se apresura a buscar
refugio en los escasos bares de la avenida, dejando atrás el repiqueteo de las
gotas. Calada hasta los huesos y con un frío invernal, cuelga el llamativo
abrigo rojo en el perchero del establecimiento y se acerca a la barra para
tomar algo caliente. Junto a ella, con una copa de vino en la mano, se sitúa un
hombre vestido completamente de negro, con un sombrero de ala tapándole el
rostro. Tiene el cuello medio descubierto y en él se aprecia un extraño tatuaje,
una especie de rosa de los vientos con un aspecto tenebroso. Ella hace caso
omiso del personaje y pide una infusión humeante. Disfrutando del cálido y
aromático líquido, se queda sentada un buen rato, advirtiendo intranquila que
el hombre de negro no se mueve en ningún momento. Se termina a desgana la
bebida, paga y se dispone a enfrentarse de nuevo a la lluvia. Empieza a caminar
con energía, consciente de que aún le quedan unas seis manzanas para llegar a
casa y de refilón, detecta un movimiento en la otra acera, distinguiendo al
mismo individuo del bar. Intranquila, sigue caminando, pero en cada esquina, el
hombre gira con ella. Ya han llegado al casco viejo de la ciudad y las calles
están vacías y silenciosas. Se gira para comprobar que el hombre continúa
detrás de ella, pero se sorprende al constatar que ha desaparecido. De repente,
choca contra alguien y cae al suelo mojado. Ya aterrada, se da cuenta que ha
chocado mismamente con el individuo de negro, y el la mira desde arriba,
amenazador. Intenta retroceder, pero se queda inmóvil, respirando
superficialmente. De repente, nota un intenso dolor en el pecho y un extraño
vaho empieza a escaparse por su boca. Extrañamente, el vaho se acumula y se
introduce por la boca del hombre. Poco a poco, va notando que las fuerzas le
abandonan y deja caer la cabeza en el suelo. Un último espasmo la sacude
levemente y se queda completamente inmóvil.
Comentarios
Publicar un comentario