El ladrón de almas (2)
Horas después, un largo cordón policial contiene a los
insistentes periodistas. Tres coches patrulla obstruyen la calle impidiendo el
paso de ningún coche. Varios policías y fuerzas de seguridad intentan en vano
hacer retroceder a la ansiosa multitud. En un lugar apartado, se sigue
interrogando a la mujer que ha efectuado la llamada, la cual continúa un tanto
desorientada por lo ocurrido. En el suelo se encuentran varios periódicos
tirados con una portada que reza:
“POSIBLE
ASESINO EN SERIE”
2ª víctima esta semana
“A día de hoy, ya van dos muertes a manos del
supuesto asesino que aterroriza desde
hace días la ciudad de Londres. Nada se sabe de este misterioso sujeto,
únicamente que actúa en la noche. Nadie dice haberle visto alguna vez, pero ya
se han encontrado dos cuerpos sin vida en las mismas extrañas circunstancias.
El forense sigue buscando e investigando las posibles causas de las muertes
ocurridas en las calles londinenses. Los expertos que han examinado los cuerpos
no han sacado nada en claro, pero ambas victimas ofrecen la misma mueca de
terror y sorpresa.
La poca información presenta en el periódico resulta inútil
contra la amenaza del misterioso hombre. Muy lentamente, la multitud comienza a
disgregarse, dándose cuenta de que no hay nada que hacer allí. La mujer de la
denuncia es acompañada a un furgón policial de camino a la comisaría para
interrogarla más a fondo. Discretamente, retiran el cuerpo de la fallecida y
poco a poco, los coches patrulla se retiran de las calles.
Ya ha caído la oscuridad en la ciudad y en la comisaría
reina un silencio sepulcral interrumpido por los ronquidos del guarda nocturno.
Por su seguridad, la mujer, después de repetir lo que sabía, se encuentra
durmiendo en el camastro de una celda. Esta se remueve continuamente,
intranquila por lo sucedido ese día. Una rápida sombra pasa por delante de la
celda y produce un leve crujido. La mujer abre los ojos y se incorpora del
colchón, paranoica ante cualquier alteración del ambiente. Dándose cuenta de
que son imaginaciones suyas, empieza a relajarse y se recosta en el camastro.
De pronto, percibe una presencia al lado suyo y nota una mano aferrándose a su
garganta. Se dispone a gritar, pero se siente incapaz de moverse siquiera. Un
extraño vaho empieza a salir de su boca y nota que las fuerzas le abandonan. De
algún modo, sabe que le esta ocurriendo lo mismo que a la mujer que ella misma
ha denunciado y se deja a merced de su destino. Siente que su propia conciencia
le abandona y se le cierran los ojos, dejando el mundo en la más completa
oscuridad.
Poniéndose de acuerdo, los cuerpos policiales deciden
mantener la tragedia entre los muros de la comisaría. Saben que anunciar que
han asesinado a alguien en el propio cuartel policial podría provocar una
pánico general, cosa indudablemente innecesaria.
Constatan que la mujer no tenía ningún familiar vivo, y
celebran un funeral discreto, únicamente con policías asistiendo. Saben que la
situación es desesperada y necesitan darles una prueba tangible a los
ciudadanos para tranquilizarlos. Prueban a elaborar un perfil de asesino, pero
las pistas son tan escasas que fracasan en el intento. Únicamente consiguen
deducir que el susodicho trabaja de noche, matando de forma rápida y letal, con
algún método desconocido para ellos.
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